martes, 20 de noviembre de 2012

El trapo.

Deme cada pez envuelto en un cordón de zapato.
Cuando se acaben acelere y sienta los bellos florecidos de mi pierna.
Si no alcanza a pasar la lengua, refunfuñe.
Cuando ya se sienta libre no dude en cantar sus famosas tonadas de ultratumba:

"Oh, inmenso cielo
por su amor yo sufro
y siento en mi corazón
un pesar profundo"

O si prefiere lo natural, medite y reflexione sobre sus vivencias.
Cuénteme sobre la noche en que le acuchillaron la rotula,
y cuando lo asustaron los meridianos;

"Y es que ya no me alcanza el pan para saciarme el hambre
ni el agua para saciarme la sed;
Solo en mi silla me siento,
y en Sierra leona se me mueren los chistes."

Siento a cada segundo como los barrotes se acercan más a mis branquias, ya en cualquier momento estallo en cerumen... Y así fue.

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