A aquella flor saltarina de cándidas caderas,
incipientes marcaciones de sabiduría infernal
invadiendo la casa infestada de carnívoros cien pies mutantes de dos pies,
enfermiza inteligencia agobiada por el triste anunciado de una pluma en llamas.
Estoy muerto de cansancio y ensañado por la nostalgia, afable nostalgia cristalina incrustada en los anales de cada final.

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