canta molesto el Santo
que envuelto en lona de vestir
atravesaba el llano de las musas.
"Oh, risueña señora del destino,
embisteme para dejarme descansar
y así en mis sueños saciar mis ganas de sentirte
y no perder mi santidad"

Como es común,
el Santo hipócrita dentro de si solo añoraba
con el ajetreo del golpe,
rosarle el seno a la desnuda y bien dotada musa.
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