martes, 30 de abril de 2013

Falsum meditátio


Desde el inicio de la historia de este personaje, se le entregaba a sus acontecimientos la fortuna de azarosos o inevitablemente libres, si bien inequívocos y asertivos. Ahora, fuera de todo juicio apresurado, excelentemente bien modelado y ejecutado, los sucesos que acompañan al personaje, se tornan borrosos y desmesurados hasta para el mismo. Esto fue los que produjo el fin de lo que llamamos Armonía Zodiacal, o Alineación interna con el universo como paradigma del personaje.
Y fue algo así:
Una tarde inmensa e infinita, con una ambientación tan intensa y colorida que hacia confundírsele con una noche de carnaval, una tarde en la que solo existían quienes debían concurrir a la montaña para interrumpir la meditación del personaje, era esa tarde.
Ensimismado no permitía que ningún segundo se le escapase, se aferraba a cada uno como asesino a su cuchillo, o madre a limón de ensalada, exprimiéndolo hasta sofocarlo entre su alma y hacerlo volver disuelto en realidad al universo.
Lograba escuchar su circulación sanguínea, mares de roja y acida sangre, excitante motivación para continuar.
Recordó la saliva de su primer amor, fétida y viscosa esparcida por su cuerpo, esa que le hizo dudar si el sexo se trataba de ese apestoso, sucio, pero excitante morbo, o si se trataba de un pervertido de gustos fetiches. Luego no le importo.
Medito, días, décadas, o quizás minutos eternos, pero ese descuido físico fue lo que hizo falta, para que un grupo de artífices de joyería mágica le rodearan de cadenas de diamante encantado y lo partieran en dos.
Dos medios de el ahora rodaban montaña abajo, y esto le hizo sentirse bien, saludable, fuerte, libre.
Y se olvido de la meditación y de las conexiones astrales, porque vio con claridad el plan de los artífices, uno grande, estructurado, poderoso y necesario para el universo. Olvido todo y agradeció.


jueves, 11 de abril de 2013

Poesía Horizontal

  
Un poeta en vertical
nunca encuentra la idea certera;
Aquella que lo envía a ver a la luz.
Que se asoma
no al final, sino al inicio.
Esa que lo eclosiona.

O mas bien, da vida
a su realidad;
a su cielo canoso y su articulación marchita
a su mano simiesca y al testimonio acorralado
perseguido, nerviosamente oculto en un espiral
cósmico
el que finalmente lo guía, sin querer
a su realidad;
a su manto perfumado
a su bienestar impersonal
al inicio de si mismo
al inicio al que todos llegamos de la misma forma;
Queriendo escapar.

Mas al principio que al final
Terminamos primeros en el horizonte
Horizontal, por que todos
tendemos a escapar.