domingo, 12 de mayo de 2013

Antares iluminado


No se trata ya solo de palabras correderas,
de monociclos con cadenas
o esclavos iluminados por las sombras.

No se limita a la berborreica cuestión
De no saber hablar,
de cultos a dioses desconocidos
o de incultos queriendo ser dioses.

No son los insolentes solsticios indecisos
Que más que un resfriado,
Nos muestran los días como todos debieran ser;
En cama.

No; Los marcos de nuestra fotografía
 Se abren,
Se expanden como una flor
En pos del ciclo natural de la vida.

Y entonces vemos  nuestro sucio reflejo
Y sus frágiles e incipientes vestigios de luto
Que amenazan nuestra calma
Y nos incomodan la moral.

Se sueña la falta
Se sueña el deseo
Se anhela el recorte de una parte
Que no se ocupa en desear.

Y entonces pensamos con aire suicida y egocéntrico:

“Son estos instantes efímeros de éxtasis, ajenos a la mayoría que no mora mas allá de un universo exiguo y compendioso, los que me excusan de seguir aquí.
Estos momentos en que puedo sumergirme en lo más recóndito de mi propio inframundo
Y navegar… Navegar por historias increíblemente inverosímiles e inexistentes en un lugar no gobernado por mi descabellada cabeza.
Estos son los que exijo a gritos y patadas cuando estoy encadenado a la más cruel, dolorosa y racional cordura. “

Qué triste es nuestra vida de humanos.

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