miércoles, 5 de septiembre de 2012

Saludando al pescador.

Basta un ademan para comprender lo incestuoso que resultaría para un hombre de mar beber la salmuera del océano, y a su vez se vuelve irónico saber que quien ha intoxicado el mar, es alguien de su propia raza; un hombre de mar.
Para aquellos terráqueos que naturalmente no comprenderán el porque de la guerra entre tan interesante raza se hace necesaria la aclaración:
Hombres de mar fueron aquellos amantes de la salina infusión eterna y todo cuanto de ella formara parte. Majestuosas ballenas del carnaval, letales pero pacíficos tiburones rojos mejillones y almejas de colores desconocidos, algas danzantes, corales tribales y simples peces voladores convivieron en algún tiempo con los hombres de mar. Un día un grupo transoceanico de marinos, reconocido en la lejanía por sembrar la desarmonia de los ecosistemas mas armonicos, se encontró con este mágico mundo de convivencia marítima y comenzó a corromper todo a su paso. Les robaron a las ballenas su canto de alegria y  las dejo aullando un lamento de impotencia, los moluscos tuvieron que tragarse su color y encerrarse en lo opaco de su dolor, el coral en mil pedazos quedo esparcido por el suelo, aplastadas las algas y así continuaron. Incluso se dice entre los que no presenciaron la desgracia que los tiburones adquirieron un instinto desesperado por seguir la sangre, dicen que la huelen a kilómetros y emprenden el ataque sin siquiera preguntarse porque, pero lo verdaderos hombres de mar saben que lo único que los tiburones quieren, es recuperar su color.


Hasta el dia de hoy se lamentan los verdaderos hombres de mar, de esos que casi ya ni quedan por no volver a ver a peces volando sobre las aguas.

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