A cuantos hermanos míos les he dejado inconclusa la reseña del sagrado profeta sin noción,
a cuantos sin embargo la calcinada memoria les entrega el secreto.
A cuantos continua atormentandoles la dura e incipiente realidad de las voraces colonias humanas.
A cuantos, dígnense a confesar, se les fue entregada la opción del canto terrenal.
Unos tantos solo hablaron de la fuente y sus precipitadas visiones de fulgor.
Solo algundos danzaran y se preguntaran cuales son los risueños herederos de la suerte que no se voltea a sentenciar, mas las consecuencias de sus palabras no se inclinan ni un instante al error.
¡Oid bellos ruiseñores del corazón enclaustrado, la oración para despedirse.. y reverenciar a sus cadenas!

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